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martes, 15 de mayo de 2018

EL BURLADOR DE SEVILLA O CONVIDADO DE PIEDRA por tirso de Molina.

El Burlador de Sevilla o Convidado de Piedra.

Resumen de El burlador de Sevilla

El burlador de Sevilla o El convidado de piedra es una obra teatral publicada en 1630 y atribuida a Tirso de Molina, aunque se autoría no está confirmada. Divida en tres actos, el libro cuenta las argucias de Don Juan Tenorio para conquistar a diversas mujeres. En el resumen de El burlador de Sevilla que puedes descargar más abajo encontrarás las ideas de la trama más desarrolladas.
Las burlas de Don Juan, los abusos hacia las mujeres o la justicia son algunos de los temas más recurrentes durante El convidado de piedra. Tirso de Molina destapa en la obra la cara amarga de la injusticia, pero a la vez acaba apelando por lo justo al final de la obra. Si quieres descubrir  la historia de Don Juan puedes descargar la reseña de El burlador de Sevilla gratis. Puedes elegir entre el formato PDF y Word para conocer qué sucede con Don Juan Tenorio.

Argumento de El burlador de Sevilla

El argumento de El burlador de Sevilla se centra en las peripecias de Don Juan Tenorio, un caballero español que es capaz de conquistar y enamorar a cualquier mujer que se proponga. En una de sus burlas a doncellas, el protagonista mata a Don Gonzalo de Ulloa, padre de Ana de Ulloa. Tras fugarse de Sevilla y haber tenido su particular odisea, Don Juan  vuelve a la capital hispalense y se encuentra con la tumba y el espíritu de Don Gonzalo de Ulloa. 

sábado, 3 de junio de 2017

¿ Quien es el publico y donde se encuentra? por Mariano Jose de Larra


El doctor tú te lo pones,
el Montalván no le tienes,
conque quitándote el don
vienes a quedar Juan Pérez.

Epigrama antiguo contra el doctor
don Juan Pérez de Montalván.
               



Artículo mutilado, o sea refundido. Hermite de la Chaussée D’Antin.

Mariano José de Larra


Yo vengo a ser lo que se llama en el mundo un buen hombre, un infeliz, un pobrecillo, como ya se echará de ver en mis escritos; no tengo más defecto, o llámese sobra si se quiere, que hablar mucho, las más veces sin que nadie me pregunte mi opinión; váyase porque otros tienen el de no hablar nada, aunque se les pregunte      la suya. Entremétome en todas partes como un pobrecito, y formo mi opinión y la digo, venga o no al caso, como un pobrecito. Dada esta primera idea de mi carácter pueril e inocentón, nadie extrañará que me halle hoy en mi bufete con gana de hablar, y sin saber qué decir; empeñado en escribir para el público, y sin saber quién es el público. Esta idea, pues, que me ocurre al sentir tal comezón de escribir será el objeto de mi primer artículo. Efectivamente, antes de dedicarle nuestras vigilias y tareas quisiéramos saber con quién nos las habemos.

Esa voz «público», que todos traen en boca, siempre en apoyo de sus opiniones, ese comodín de todos los partidos, de todos los pareceres, ¿es una palabra vana de sentido, o es un ente real y efectivo? Según lo mucho que se habla de él, según el papelón que hace en el mundo, según los epítetos que se le prodigan y las consideraciones que se le guardan, parece que debe de ser alguien. El público es «ilustrado»,   el público es «indulgente», el público es «imparcial», el público es «respetable»: no hay duda, pues, en que existe el público. En este supuesto, «¿quién es el público y dónde se le encuentra?»

Sálgome de casa con mi cara infantil y bobalicona a buscar al público por esas calles, a observarle, y a tomar apuntaciones en mi registro acerca del carácter, por mejor decir, de los caracteres distintivos de ese respetable señor. Paréceme a primera vista, según el sentido en que se usa generalmente esta palabra, que tengo de encontrarle en los días y parajes en que suele reunirse más gente. Elijo un domingo, y donde quiera que veo un número grande de personas llámolo público, a imitación de los demás. Este día un sinnúmero de oficinistas y de gentes ocupadas o no ocupadas el resto de la semana se afeita, se muda, se viste y se perfila; veo que a primera hora llena las iglesias, la mayor parte por ver y ser visto; observa     a la salida las caras interesantes, los talles esbeltos, los pies delicados de las bellezas devotas, les hace señas, las sigue, y reparo que a segunda hora va de casa en casa haciendo una infinidad de visitas: aquí deja un cartoncito con su nombre cuando los visitados no están o no quieren estar en casa; allí entra, habla del tiempo, que no le interesa, de la ópera, que no entiende, etc. Y escribo en mi libro: «El público oye misa, el público coquetea (permítaseme la expresión mientras no tengamos otra mejor), el público hace visitas, la mayor parte inútiles, recorriendo casas, adonde va sin objeto, de donde sale sin motivo, donde por lo regular ni es esperado antes de ir, ni es echado de menos después de salir; y el público en consecuencia (sea dicho con perdón suyo) pierde el tiempo, y se ocupa en futesas»: idea que confirmo al pasar por la Puerta del Sol.

Entreme a comer en una fonda, y no sé por qué me encuentro llenas las mesas de un concurso que, juzgando    por las facultades que parece tener para comer de fonda, tendrá probablemente en su casa una comida sabrosa, limpia, bien servida, etc., y me lo hallo comiendo voluntariamente, y con el mayor placer, apiñado en un local incómodo (hablo de cualquier fonda de Madrid), obstruido, mal decorado, en mesas estrechas, sobre manteles comunes a todos, limpiándose las babas con las del que comió media hora antes en servilletas sucias sobre toscas, servidas diez, doce, veinte mesas, en cada una de las cuales comen cuatro, seis, ocho personas, por uno o solos dos mozos mugrientos, mal encarados y con el menor agrado posible; repitiendo este día los mismos platos, los mismos guisos del pasado, del anterior y de toda la vida; siempre puercos, siempre mal aderezados; sin poder hablar libremente por respetos al vecino; bebiendo vino, o por mejor decir agua teñida o cocimiento de campeche abominable. Digo para mi capote: «¿Qué alicientes traen al público   a comer a las fondas de Madrid?». Y me contesto: «El público gusta de comer mal, de beber peor, y aborrece el agrado, el aseo y la hermosura del local».

Salgo a paseo y ya en materia de paseos me parece difícil decidir acerca del gusto del público, porque si bien un concurso numeroso, lleno de pretensiones, obstruye las calles y el salón del Prado, o pasea a lo largo del Retiro, otro más llano visita la casa de las fieras, se dirige hacia el río, o da la vuelta a la población por las rondas. No sé cuál es el mejor, pero sí escribo: «Un público sale por la tarde a ver y ser visto; a seguir sus intrigas amorosas ya empezadas, o enredar otras nuevas; a hacer el importante junto a los coches; a darse pisotones y a ahogarse en polvo; otro público sale a distraerse, otro a pasearse, sin contar con otro no menos interesante que asiste a las novenas y cuarenta horas, y con otro, no menos ilustrado, atendidos los carteles, que concurre al teatro, a los novillos, al fantasmagórico   Mantilla y al Circo olímpico».

Pero ya bajan las sombras de los altos montes, y precipitándose sobre estos paseos heterogéneos arrojan de ellos a la gente; yo me retiro el primero, huyendo del público que va en coche o a caballo, que es el más peligroso de todos los públicos; y como mi observación hace falta en otra parte, me apresuro a examinar el gusto del público en materia de cafés. Reparo con singular extrañeza que el público tiene gustos infundados: le veo llenar los más feos, los más oscuros y estrechos, los peores, y reconozco a mi público de las fondas. ¿Por qué se apiña en el reducido, puerco y opaco café del Príncipe, y el mal servido de Venecia, y ha dejado arruinarse el espacioso y magnífico de Santa Catalina, y anteriormente el lindo de Tívoli, acaso mejor situados? De aquí infiero que el público es caprichoso.

Empero aquí un momento de observación. En esta mesa cuatro militares disputan, como si pelearan, acerca  del mérito de Montes y de León, del volapié y del pasatoro; ninguno sabe de tauromaquia; sin embargo, se van a matar, se desafían, se matan en efecto por defender su opinión, que en rigor no lo es.

En otra, cuatro leguleyos que no entienden de poesía, se arrojan a la cara en forma de alegatos y pedimentos mil dicterios disputando acerca del género clásico y del romántico, del verso antiguo y de la prosa moderna.

Aquí cuatro poetas que no han saludado el diapasón se disparan mil epigramas envenenados, ilustrando el punto poco tratado de la diferencia de la Tossi y de la Lalande, y no se tiran las sillas por respeto al sagrado del café.

Allí cuatro viejos en quienes se ha agotado la fuente del sentimiento, avaros, digámoslo así, de su época, convienen en que los jóvenes del día están perdidos, opinan que no saben sentir como se sentía en su tiempo, y echan abajo sus ensayos, sin haberlos querido leer siquiera.

Acullá un periodista sin período, y otro periodista con períodos interminables, que no aciertan a escribir artículos que se vendan, convienen en la manera indisputable de redactar un papel que llene con su fama sus gavetas, y en la importancia de los resultados que tal o cual artículo, tal o cual vindicación debe tener en el mundo, que no los lee.

Y en todas partes muchos majaderos, que no entienden de nada, disputan de todo.

Todo lo veo, todo lo escucho, y apunto con mi sonrisa, propia de un pobre hombre, y con perdón de mi examinando: «El ilustrado público gusta de hablar de lo que no entiende».

Salgo del café, recorro las calles, y no puedo menos de entrar en las hosterías y otras casas públicas; un concurso crecido de parroquianos de domingo las alborota merendando o bebiendo, y las conmueve con su bulliciosa algazara; todas están llenas: en todas el Yepes y el Valdepeñas mueven    las lenguas de la concurrencia, como el aire la veleta, y como el agua la piedra del molino; ya los densos vapores de Baco comienzan a subirse a la cabeza del público, que no se entiende a sí mismo. Casi voy a escribir en mi libro de memorias: «El respetable público se emborracha»; pero felizmente rómpese la punta de mi lápiz en tan mala coyuntura, y no siendo aquel lugar propio para afilarle, quédase in pectore mi observación y mi habladuría.

Otra clase de gente entretanto mete ruido en los billares, y pasa las noches empujando las bolas, de lo cual no hablaré, porque éste es de todos los públicos el que me parece más tonto.

Ábrese el teatro, y a esta hora creo que voy a salir para siempre de dudas, y conocer de una vez al público por su indulgencia ponderada, su gusto ilustrado, sus fallos respetables. Ésta parece ser su casa, el templo donde emite sus oráculos sin apelación. Represéntase una comedia nueva; una parte del público la aplaude con furor: es    sublime, divina; nada se ha hecho mejor de Moratín acá; otra la silba despiadadamente: es una porquería, es un sainete, nada se ha hecho peor desde Comella hasta nuestro tiempo. Uno dice: «Está en prosa, y me gusta sólo por eso; las comedias son la imitación de la vida; deben escribirse en prosa». Otro: «Está en prosa y la comedia debe escribirse en verso, porque no es más que una ficción para agradar a los sentidos; las comedias en prosa son cuentecitos caseros, y si muchos las escriben así, es porque no saben versificarlas». Éste grita: «¿Dónde está el verso, la imaginación, la chispa de nuestros antiguos dramáticos? Todo eso es frío; moral insípida, lenguaje helado; el clasicismo es la muerte del genio». Aquél clama: «¡Gracias a Dios que vemos comedias arregladas y morales! La imaginación de nuestros antiguos era desarreglada: ¿qué tenían? Escondidos, tapadas, enredos interminables y monótonos, cuchilladas, graciosos pesados, confusión de clases, de géneros;   el romanticismo es la perdición del teatro: sólo puede ser hijo de una imaginación enferma y delirante». Oído esto, vista esta discordancia de pareceres, ¿a qué me canso en nuevas indagaciones? Recuerdo que Latorre tiene un partido considerable, y que Luna, sin embargo, es también aplaudido sobre esas mismas tablas donde busco un gusto fijo; que en aquella misma escena los detractores de la Lalande arrojaron coronas a la Tossi, y que los apasionados de la Tossi despreciaron, destrozaron a la Lalande; y entonces ya renuncio a mis esperanzas. ¡Dios mío! ¿Dónde está ese público tan indulgente, tan ilustrado, tan imparcial, tan justo, tan respetable, eterno dispensador de la fama, de que tanto me han hablado; cuyo fallo es irrecusable, constante, dirigido por un buen gusto invariable, que no conoce más norma ni más leyes que las del sentido común, que tan poco tienen? Sin duda el público no ha venido al teatro esta noche: acaso no concurre a los espectáculos.

Reúno mis notas, y más confuso que antes acerca del objeto de mis pesquisas, llego a informarme de personas más ilustradas que yo. Un autor silbado me dice, cuando le pregunto quién es el público: «Preguntadme más bien cuántos necios se necesitan para componer un público». Un autor aplaudido me responde: «Es la reunión de personas ilustradas, que deciden en el teatro del mérito de las producciones literarias».

Un escritor cuando le silban dice que el público no le silbó, sino que fue una intriga de sus enemigos, sus envidiosos, y éste ciertamente no es el público; pero si le critican los defectos de su comedia aplaudida, llama al público en su defensa; el público le ha aplaudido; el público no puede ser injusto; luego es buena su comedia.

Un periodista presume que el público está reducido a sus suscriptores, y en este caso no es grande el público de los periodistas españoles. Un abogado cree que el público se compone de   sus clientes. A un médico se le figura que no hay más público que sus enfermos, y gracias a su ciencia este público se disminuye todos los días; y así de los demás, de modo que concluyo la noche sin que nadie me dé una razón exacta de lo que busco.

¿Será el público el que compra la Galería fúnebre de espectros y sombras ensangrentadas, y las poesías de Salas, o el que deja en la librería las Vidas de los españoles célebres y la traducción de la Ilíada? ¿El que se da de cachetes por coger billetes para oír a una cantatriz pinturera, o el que los revende? ¿El que en las épocas tumultuosas quema, asesina y arrastra, o el que en tiempos pacíficos sufre y adula?

Y esa opinión pública tan respetable, hija suya sin duda, ¿será acaso la misma que tantas veces suele estar en contradicción hasta con las leyes y con la justicia? ¿Será la que condena a vilipendio eterno al hombre juicioso que rehúsa salir al campo a verter su sangre por el capricho o la imprudencia     de otro, que acaso vale menos que él? ¿Será la que en el teatro y en la sociedad se mofa de los acreedores en obsequio de los tramposos, y marca con oprobio la existencia y el nombre del marido que tiene la desgracia de tener una loca u otra cosa peor por mujer? ¿Será la que acata y ensalza al que roba mucho con los nombres de señor o de héroe, y sanciona la muerte infamante del que roba poco? ¿Será la que fija el crimen en la cantidad, la que pone el honor del hombre en el temperamento de su consorte, y la razón en la punta incierta de un hierro afilado?

¿En qué consiste, pues, que para granjear la opinión de ese público se quema las cejas toda su vida sobre su bufete el estudioso e infatigable escritor, y pasa sus días manoteando y gesticulando el actor incansable? ¿En qué consiste que se expone a la muerte por merecer sus elogios el militar arrojado?

¿En qué se fundan tantos sacrificios que se hacen por la fama que   de él se espera? Sólo concibo, y me explico perfectamente, el trabajo, el estudio que se emplean en sacarle los cuartos.

Llega empero la hora de acostarse, y me retiro a coordinar mis notas del día: léolas de nuevo, reúno mis ideas, y de mis observaciones concluyo:

En primer lugar, que el público es el pretexto, el tapador de los fines particulares de cada uno. El escritor dice que emborrona papel, y saca el dinero al público por su bien y lleno de respeto hacia él. El médico cobra sus curas equivocadas, y el abogado sus pleitos perdidos por el bien del público. El juez sentencia equivocadamente al inocente por el bien del público. El sastre, el librero, el impresor, cortan, imprimen y roban por el mismo motivo; y, en fin, hasta el... Pero ¿a qué me canso? Yo mismo habré de confesar que escribo para el público, so pena de tener que confesar que escribo para mí.

Y en segundo lugar, concluyo: que      no existe un público único, invariable, juez imparcial, como se pretende; que cada clase de la sociedad tiene su público particular, de cuyos rasgos y caracteres diversos y aun heterogéneos se compone la fisonomía monstruosa del que llamamos público; que éste es caprichoso, y casi siempre tan injusto y parcial como la mayor parte de los hombres que le componen; que es intolerante al mismo tiempo que sufrido, y rutinero al mismo tiempo que novelero, aunque parezcan dos paradojas; que prefiere sin razón, y se decide sin motivo fundado; que se deja llevar de impresiones pasajeras; que ama con idolatría sin porqué, y aborrece de muerte sin causa; que es maligno y mal pensado, y se recrea con la mordacidad; que por lo regular siente en masa y reunido de una manera muy distinta que cada uno de sus individuos en particular; que suele ser su favorita la medianía intrigante y charlatana, y objeto de su olvido o de su desprecio el mérito modesto; que      olvida con facilidad e ingratitud los servicios más importantes, y premia con usura a quien le lisonjea y le engaña; y, por último, que con gran sinrazón queremos confundirle con la posteridad, que casi siempre revoca sus fallos interesados.

domingo, 26 de marzo de 2017

Hadas por jesus Callejo

buenas tardes a todos, quiero dejaros un libro fascinante sobre las hadas, es un libro de Jesús Callejo y su titulo es HADAS.


me ha gustado mucho, y al contrario de otros libros que hablan de hadas y duendes de Irlanda, Escocia, etc.
Este habla de Hadas en toda la Península Ibérica, las Islas  Baleares y las Islas Canarias.
buena lectura para los que como a mi me apasionan.





domingo, 8 de enero de 2017

La España Maldita por Lorenzo Fernández Bueno.



Estructurado en siete capítulos, "Fantasmas, nidos de brujas y otras anomalías", "Leyendas... o no", "Pueblos malditos y entradas al infierno", "Demonios, exorcismos y otros misterios más o menos eclesiásticos", "Ovnis... y lo que no son ovnis", "Historias apócrifas" y "Templarios en España", el libro se adentrará en terrenos siniestros y asombrosos, enfrentándose a apasionantes interrogantes como: ¿Existen los pueblos malditos? ¿Qué llevó a tachar de maldito al pueblo aragonés de Trasmoz, para que setecientos años después continúe excomulgado por la Iglesia? ¿Por qué los lugares donde se ubican construcciones templarias están ligados a oscuros tesoros, a reliquias sagradas o a fenómenos de difícil explicación? ¿Qué hay detrás de las muertes que se han producido en el triángulo de los suicidas andaluz?  ¿Existen los santos apócrifos por decreto del Mal?  ¿Qué tienen en común la isla cántabra de Pedrosa, los santuarios gallegos de los endemoniados, la cueva toledana de los siete cerrojos o los nidos de brujas de Navarra? 

ooparts- objetos fuera de su tiempo- por Juan José Sanchez Oro y Chris Aubeck



Para los amantes de los misterios hay por el mundo unos cuantos objetos —siempre los mismos, nunca cambian— que vendrían a ser demostraciones evidentes o bien de la existencia en el pasado de una supercivilización que los arqueólogos se esfuerzan por esconder al mundo, o bien de la presencia en tiempos pretéritos de seres extraterrenos llegados desde alguna lejana galaxia para estudiarnos o traernos la civilización… la cosa no está clara del todo. Los llaman oopArts, es decir out of place artifacts (artefactos fuera de lugar).
 Por fortuna, un libro reciente de Juan José Sánchez Oro y Chris Aubeck viene a poner orden en esta estrafalaria lista de objetos misteriosos y a terminar así con las insensateces que algunos insisten en seguir diciendo al respecto
 Los autores no se limitan a desfacer entuertos, también ofrecen al lector un interesante capítulo donde demuestran que los antiguos no eran tontos, sólo antiguos, que no necesitaban a los extraterrestres para nada. Se trata de estudios recientes sobre materiales antiguos perfectamente datados que sacan a la luz sus increíbles propiedades. Como las de la púrpura Han, que decoraba los guerreros de Xian y ha demostrado ser interdimensional. O las del acero de Damasco.
En resumidas cuentas, que Ooparts. Objetos fuera de su tiempo, publicado por la editorial Luciérnaga, es un libro de lectura obligatoria para todos los interesados en los «misterios» de la Antigüedad. Tanto si uno está a favor como en contra de ellos encontrará en sus páginas los argumento, y las pruebas, que les demostrarán que no son tales. Por cierto, se me ha olvidado comentar que ¡el libro se lee de un tirón!


Nighlanders- por Megan Maxwell

vi una colección que creo que es interesante, de leer por lo menos para las guerreras que hay en este grupo y las que nos leen y no están.

son las guerreras de las antigua Escocia.

- Lady Megan Phillips _Deseo Concedido
-Gilliam_ desde donde se domina la llanura
-Angela_Siempre te encontrare 
-Sandra Murray_ una flor para otra flor.



La Rabia- Lolita Bosch

Bueno quiero acabar mi vuelta por la librería con un libro que me parece muy interesante.

Es la novela ganadora del premio Roc Boronat y el tema acoso escolar contado en primera persona, me parecio muy interesante, desde que lo vi.

Me parece valiente, me parece directo y voy a ver si realmente es lo que espero que sea.


maldiciones- saga interesante.

Cada uno invierte su tiempo y dinero en cosas infinitamente diferentes.

hace años cuando me aburro en lugar de ir a un bar, me voy a una biblioteca o a una de esas grandes librerías y me dedico a leer.

leo, veo, a veces compro y otras paso una tarde maravillosa entre mis queridos amigos los libros.


bien, encontré así como os lo cuento, una colección de libros que me ha atraído, es una colección oscura, como yo.


Se titula Maldiciones, se compone de 4 ejemplares, 
- la España Maldita
-Objetos Malditos
-Ooparts( objetos fuera de su tiempo encontrados en lugares donde no deben estar)
-Magia en el antiguo Egipto.

en fin cada uno cuando se aburre hace lo que le apetece, os invito a leer estos libros y descubrir realidades que desconocemos, aun.

EL LABERINTO DE LOS ESPIRITUS DE CARLOS RUIZ ZAFON

por fin, aparece este libro esperado por todos los que quedamos fascinados por la Sombra del Viento.

Con este libro culmina el final de la saga.

Recordar el Cementerio de los libros olvidados, magnifico e imaginativo.

Ahora la saga termina con el desenlace, este laberinto de los espiritus.


espero que os guste tanto como me ha gustado a mi.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Prometeo. el protector de la humanidad.

 

        Prometeo era un hijo de Jápeto y la oceánide Clímene. Era hermano de Atlas, Epimeteo y Menecio, a los que superaba en astucia y engaños. No tenía miedo alguno a los dioses, y ridiculizó a Zeus y su poca perspicacia. Sin embargo, Esquilo afirmaba en su Prometeo encadenado que era hijo de Gea o Temis.

Prometeo fue el creador del hombre. Cuando él y Epimeteo (‘retrospección’) empezaron a hacer criaturas para poblar la tierra por orden de Zeus, Epimeteo prefirió la cantidad e hizo muchas criaturas, dotándolas con muchos dones que les había asignado para tal fin (piel, garras, alas y aletas, entre otros). Mientras su hermano hacía esto, Prometeo trabajaba cuidadosamente una criatura a semejanza de los dioses: un humano. Sin embargo, Prometeo tardó tanto en hacer su obra maestra que, cuando terminó, Epimeteo había usado ya todos los dones que Zeus les diera.

Prometeo sintió pena de su creación, viéndola tiritar en las frías noches de invierno, y decidió robar el fuego de los dioses después de que Zeus no estuviese de acuerdo con su idea de ayudar a los humanos. Trepó el monte Olimpo y robó fuego del carro de Helios (en la mitología posterior, Apolo) o de la forja de Hefesto, llevándoselo en el tallo de un hinojo, que arde lentamente y resulta muy apropiado para este fin. De esta forma la humanidad pudo calentarse. En otras versiones (notablemente, el Protágoras de Platón), Prometeo robaba las artes de Hefesto y Atenea, llevándose también el fuego porque sin él no servían para nada, y proporcionando de esta forma al hombre los medios con los que ganarse la vida.

Para aplacar a Zeus, Prometeo dijo a los humanos que quemasen ofrendas a los dioses. Con este fin sacrificó un gran toro. Cuando los dioses olieron las ofrendas, Prometeo urdió un engaño: escondió la carne bajo una capa de huesos y tendones, cubriendo el resto de huesos con apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la «carne» que comerían los dioses. Zeus eligió el plato de huesos, y Prometeo se quedó con el plato de carne para sí mismo y los mortales. Para castigar a Prometeo por su hibris (y al mismo tiempo a toda la humanidad), Zeus se llevó el fuego de la tierra.

Para vengarse de Prometeo por esta segunda ofensa, Zeus ordenó a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla llamada Pandora. Zeus le infundió vida y la envió a Prometeo, junto la caja que le había regalado Hermes como dote, y que contenía todas las desgracias (plagas, dolor, pobreza, crimen, etcétera) con las que Zeus quería castigar a la humanidad. Prometeo sospechó y no quiso tener nada que ver con Pandora, alegando que era estúpida (al carecer de previsión), por lo que ésta fue enviada a Epimeteo, quien se casó con ella a pesar de las advertencias de su hermano para que no aceptase ningún regalo de los dioses. Pandora terminaría abriendo la caja, a pesar de las indicaciones en contra de Epimeteo.

Zeus se enfureció aún más al ver cómo Prometeo se libraba de Pandora, e hizo que le llevaran al monte Cáucaso, donde fue encadenado por Hefesto con la ayuda de Bía y Cratos. Zeus envió un águila (hija de los monstruos Tifón y Equidna) para que se comiera el hígado de Prometeo. Siendo éste inmortal, su hígado volvía a crecerle cada día, y el águila volvía a comérselo cada noche. Este castigo había de durar 30.000 años, pero a los 30 años Heracles pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo de camino al jardín de las Hespérides y le liberó disparándole una flecha al águila. Este vez no le importó a Zeus que Prometeo evitase de nuevo su castigo, al proporcionar la liberación más gloria a Heracles, que era hijo de Zeus. Prometeo fue invitado a volver al Olimpo, aunque debía llevar con él la roca a la que fue encadenado.

                                           

domingo, 18 de septiembre de 2016

El CHILAM BALAM



mayas constituyen un pueblo grandioso por el alto nivel cultural alcanzado como civilización del mundo antiguo. La escritura de tipo ideográfica se relaciona principalmente con la cronología, astronomía y religión. Su calendario (haab) de 365 días de carácter agrícola y solar, basado en un notable conocimiento del movimiento de los astros, constituido de 18 meses de 20 días más 5 días llamados “aciagos.” (uayel) que coexistía con el año sagrado (Tzolkin) de 13 meses de 20 días.
Los libros del Chilam Balam fueron redactados después de la conquista española, recogen textos relativos a la historia, medicina, cosmología, astronomía, cronología y textos no clasificados de los mayas.
El Chilam Balam de Chumayel, es quizá el más importante de estos libros sagrados y proféticos. Balam es el nombre más famoso de los chilames que vinieron antes de la venida de los blancos al continente. Balam es un nombre de familia pero significa brujo o mago y Chilam o Chilán es el título que se daba a la clase sacerdotal que interpretaba los libros y la voluntad de los Dioses. La palabra significa “el que es boca”. Balam es también “Jaguar”. Los mayas Clásicos tenían un Dios Jaguar. Chilam Balam se puede traducir como “El Libro del Jaguar”. Cada poblado escribió su libro, por lo cual existen el Chilam Balam de Maní, Chumayel, Kaua, Ixil, Tecax, Nah,Tusik

La primera traducción completa de la obra al español fue una versión de Antonio Mediz Bolio, editada en Costa Rica en 1930; posteriormente, en 1933, se editó la versión en inglés, realizada por Ralph L. Roys y publicada por la Carnegie Institution de Washington. La mayor parte de las ediciones en español derivan de la traducción de Mediz Bolio.
La mayor parte de los textos del Chilam Balam de Chumayelson de índole religiosa; destacan, particularmente, los fragmentos relativos a los mitos cosmogónicos, sin aparente conexión entre ellos, tal vez porque hacen referencia a leyendas de diferentes grupos, como los quichés y los nahuas. Otros son de carácter ritual, calendárico o astronómico; existen también textos históricos acerca de los principales grupos mayas yucatecos y lo que les aconteció tras la Conquista. La obra concluye con las célebres profecías sobre la llegada de una nueva religión realizadas por el Chilam Balam histórico y otros taumaturgos.

Los escritos míticos y proféticos están redactados en un lenguaje de alto contenido simbólico y con múltiples significados, en el cual se emplean metafóricamente objetos, colores y seres naturales para expresar ideas. Es evidente que con esta escritura se pretendía no sólo dar a los textos un carácter esotérico, sino ocultar a los profanos su significado verdadero.
Por el contrario, los fragmentos históricos asientan escuetamente los hechos y la fecha en que acaecieron, tal como debieron registrarse en los códices de la antigüedad. Destacan, particularmente, las narraciones de la Conquista, sembradas de lamentos, indignación y desprecio por la rapacidad de los españoles. Los mayas de entonces quisieron que estos acontecimientos no fueran olvidados por sus descendientes. Gracias a ello nos legaron, en el Chilam Balam de Chumayel, un libro de misteriosa belleza que permanecerá vivo mientras sus páginas se abran ante nuestros ojos y los de las generaciones venideras.
Gran parte de los chilam balames restantes deben permanecer aún en manos de las comunidades indígenas que han resguardado sus tradiciones a pesar de los embates de la modernidad. Los chilames balames fueron escritos en papel europeo, en forma de cuadernos. En general, su contenido es una recopilación de textos diversos redactados en diferentes épocas a partir del siglo XVI; los hay míticos, históricos -principalmente acerca de la trayectoria de los xiúes y los itzaes- proféticos, rituales, médicos, astronómicos y cronológicos, .



domingo, 1 de mayo de 2016

POR FIN HA LLEGADO LA PRIMAVERA!!!!! VOLVERAN LAS OSCURAS GOLONDRINAS- GUSTAVO A.BECQUER.

 

           Volverán las oscuras golondrinas 
de tu balcón sus nidos a colgar, 

y otra vez con el ala a tus cristales, 
jugando, llamarán.


Pero aquéllas que el vuelo refrenaban 
tu hermosura y mi dicha a contemplar, 
aquéllas que aprendieron nuestros nombres... 
ésas .... ¡no volverán !

Volverán las tupidas madreselvas 
de tu jardín las tapias a escalar 
y otra vez a la tarde aún más hermosas 
sus flores se abrirán.

Pero aquéllas cuajadas de rocío, 
cuyas gotas mirábamos temblar 
y caer como lágrimas del día... 
ésas... ¡no volverán !

Volverán del amor en tus oídos 
las palabras ardientes a sonar, 
tu corazón de su profundo sueño 
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas 
como se adora a Dios ante el altar, 
como yo te he querido...,desengáñate, 

nadie así te amará          
                                               

PRIMAVERA POR FIN!!!!! A UN OLMO SECO- ANTONIO MACHADO.

 
                            A UN OLMO SECO




  Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
  ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
  No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
  Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
  Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida, 
otro milagro de la primavera.           
                

martes, 5 de enero de 2016

EL PRINCIPITO POR SAINT EXUPÉRY

 
El Principito por Saint-Exupéry

Capitulo 1
El piloto recordó que desde chico no encajaba en el mundo de los adultos que solo hablan de cifras,  política, etc. Dibujó una boa con un elefante adentro y los demás creyeron que era un sombrero.
Capitulo 2
El piloto sufrió una descompostura en medio del Sahara tenia agua para 8 días y se durmió. Lo despertó al día siguiente un niño diciendo que le dibujara un cordero el piloto no sabía que hacia el niño ahí y le dijo que no sabia dibujar corderos dibujó muchos pero el niño dijo que estaban mal y finalmente le dibujo una caja y dijo que ese estaba perfecto.
Capitulo 3
El principito no sabía escuchar las preguntas del piloto el tuvo que ir descubriendo el origen del principito por las cosas que preguntaba. Ese día descubrió que venía de un pequeño planeta.
Capitulo 4
Su planeta era poco más grande que una casa. Era el asteroide B612 menciona el número para que los adultos crean que existe.
Capítulo 5
El principito le pregunta al piloto que si los corderos comen baobabs y el piloto dijo que los baobabs son arboles gigantes pero que al principio son pequeñitos. Los baobabs en el planeta del principito son peligrosos si no se cortan a tiempo, pueden destruir el planeta entero.
Capítulo 6
El piloto poco a poco fue entendiendo la vida del principito. Le gustan ver las puestas de sol cuando está triste.
Capítulo 7
El Principito hace quiere saber si los corderos además de arbustos, pueden comer flores. El Aviador responde con fastidio ante las preguntas, cuando se encuentra ocupado reparando su avión. El Principito entonces le dice que se parece a las personas mayores, por su  desinterés en la guerra de las flores y los corderos. El Principito termina llorando
Capitulo 8
El Principito le dice al piloto que a en su planeta existía una flor muy especial, muy bonita pero también vanidosa y orgullosa. La flor despierta el amor del Principito, pero al mismo tiempo, lo confunde.
Capitulo 9
El Principito decide dejar su planeta. Antes de irse, limpia los volcanes, arranca los baobabs y se despide de la flor, la cual le dice que lo ama y le pide disculpas por no haberse hecho entender, al tiempo que le dice al Principito fue tan tonto como ella. La flor apura al Principito para que parta sin que la vea llorar.
Capítulo 10
El Principito inicia un viaje por otros asteroides. En el primero que visita vive un rey, quien dice tener un gran poder pero le faltan súbditos para ejercerlo. Le pide al Principito que se quede con él, pero el Principito decide continuar su viaje.
Capítulo 11
En el segundo planeta que visita el Principito vivía un vanidoso, y su único deseo era que lo aclamen y lo admiren. El Principito, antes de dejarlo, le pregunta para qué le sirve que lo admiren, sin recibir respuesta
Capitulo 12
En el siguiente planeta vivía un bebedor que bebía para olvidar que le daba vergüenza beber. Cada vez pensaba más que las personas mayores son extrañas.
Capítulo 13
El Principito visita luego un planeta habitado por un hombre de negocios, cuenta y posee las estrellas. El Principito le dice que eso no sirve de nada para las estrellas. El hombre de negocios se cree muy serio y ese comentario lo desconcertó.
Capitulo 14
En el 5º planeta solo cabían un farolero y un farol. El farolero prendía y apagaba el farol cada minuto porque su planeta giraba muy rápido. Al principito le cayó muy bien este farolero pero en su planeta solo había lugar para uno.
Capítulo 15
El 6º planeta era mucho más grande vivía un geógrafo que necesitaba exploradores que le dijeran como eran otros planetas puesto que él no podía explorar. El geógrafo le dice al principito que las flores son efímeras, que desaparecen y le da remordimiento de haberla dejado sola.
Capítulo 16
Se dicen cuantas personas hay en el planeta y habla respecto a los faroleros que son muy coordinados.
Capítulo 17
Llega a la tierra y no encuentra a la gente porque cayó en el desierto solitario del Sahara. Se encuentra con una serpiente la cual le ofrece su ayuda para volver a su planeta.
Capitulo 18
El Principito encuentra una flor solitaria, a la que pregunta por los hombres. La flor, en toda su vida, no ha visto más que seis o siete, y cree que se los lleva el aire por no tener raíces.
Capítulo 19
El Principito sube a una montaña y habla con su eco creyendo que son personas con falta de imaginación.
Capítulo 20
El Principito llegó a un jardín lleno de rosas, pensó en la suya que creía que era la única existente en el universo.
Capitulo 21
Al fin, conoce a un zorro, quien también está en búsqueda de un amigo, un ser con quien formar un vínculo de amistad. Ambos llegan a ser amigos, y en este proceso, el Principito descubrirá lo que realmente hacía especial a su flor. El zorro y el Principito se separan, luego de que el zorro le revela su secreto: sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.
Capitulo 22
Siguiendo su camino, el Principito se encuentra con un guardavía, quien le explica su trabajo, consistente en agrupar pasajeros y embarcarlos en trenes. El guardavía no sabe los motivos que llevan a la gente a moverse de un lugar a otro tan rápido.
Capitulo 23
El Principito conoce a un vendedor de píldoras que evitan la sed. Esto te hace ahorrar 53 minutos a la semana que el principito los usaría para beber agua.
Capitulo 24
Al piloto se le acaba el agua y no arregla la descompostura entonces el principito dice que es bueno tener un amigo aunque vayan a morir de sed y deciden caminar hasta encontrar un pozo en alguna parte del desierto.
Capítulo 25
El Principito y el piloto toman agua hasta saciarse. El Principito le dice al piloto que cumpla su promesa: le dibuje un bozal a su cordero. El Principito se ríe de los dibujos del piloto.
Capitulo 26
Al día siguiente, el piloto regresa con el Principito, quien se encuentra muy triste debido al paso que va a dar. Le recuerda al piloto que debe mirar las estrellas, por que el vivirá en una de ellas, con su flor. Le dice además que el podrá oír su risa en todas las estrellas. El Aviador deja al Principito en el suelo, para ser mordido por la serpiente y morir instantáneamente.
Capitulo 27
El piloto descubre que se le olvido dibujar la cuerda de cuero para el bozal de el cordero, de modo que podría ser que en algún descuido, el cordero se pueda soltar y comerse la flor. El piloto mantiene la esperanza de volver a ver al Principito, pidiendo al que lee que le avise si alguna vez vuelve a la Tierra.